jueves, 4 de junio de 2009

La importancia de la métrica

Titular y fuente:
La métrica es un instrumento a través del cual el poeta puede expresar todos los acordes emocionales de su alma.
¿Por qué considero que la métrica es tan importante para la Poesía?.
En este artículo hablo, principalmente, de las rimas, de los versos y del ritmo.

DAVID COLL


Al igual que el bailarín, el pianista o el violinista, deben someterse a un durísimo aprendizaje, para poder ejecutar una danza, una sonata o un concierto, del mismo modo, el poeta debe acostumbrarse a contar sílabas, a conocer los distintos tipos de versos y de rimas y a familiarizarse con los diversos y riquísimos ritmos que ofrece la métrica española.

La métrica es un instrumento a través del cual el poeta puede expresar todos los acordes emocionales de su alma. Sin embargo, como decía antes, este aprendizaje es muy amargo, tortuoso y, a veces, desesperanzador. Esta terrible dificultad es la que ha despertado el desprecio de algunos poetas, los cuales han llegando a la equivocada conclusión de que la métrica es una cárcel que impide los libres vuelos líricos del sentimiento. Sobre esto, debo decir que, cuando el
poeta está en el inicio de su aprendizaje sobre la métrica, ésta es, efectivamente, un corsé de hierro que le impide expresarse armónicamente. Esto es inevitable al principio, pero yo tengo la
certeza de que, una vez superadas las iniciales dificultades técnicas, es absolutamente posible expresarse con total armonía y con total libertad, dentro del milagroso violín de la métrica.

¿Por qué considero que la métrica es tan importante para la Poesía?. Hablaré, principalmente, de las rimas, de los versos y del ritmo.

Las rimas no son un adorno ni un capricho sonoro. No, ni mucho menos. La definición de la Rima, según Antonio Quilis, es la siguiente:"La rima es la total o parcial semejanza acústica, entre dos o más versos, de los fonemas situados a partir de la última vocal acentuada". Por ejemplo, citaré el primer cuarteto de un famoso soneto de Quevedo que se titula "Amor impreso en el alma, que dura después de las cenizas":

" Si hija de mi amor mi muerte fuese
que parto tan dichoso que sería
el de mi amor contra la vida mía,
que gloria que el morir de amar naciese".

Aquí las rimas son "fuese/ naciese", "sería/ mía". Las rimas, que consisten en la repetición de los sonidos finales, por el solo hecho de repetir los sonidos, brindan placer al lector. ¿Por qué?, ¿por qué da placer al oído y al alma la repetición de los sonidos?, yo creo que dan placer porque crean una sensación de simetría acústica, de orden sonoro. Este placer existe, sin duda, porque tiene mucho que ver con la música. De todos modos, la belleza de las rimas, que es un hecho verificable por cualquier lector, sigue siendo un misterio. Este misterio de las rimas es comparable al inmenso deleite que nos produce el rítmico vaivén de las olas del mar. Nunca nos cansamos de escuchar cómo riman las olas entre sí.
Citaré al poeta inmortal Charles Baudelaire:"Que el ritmo y la rima, obedecen en el hombre a imperecederas necesidades de monotonía, de simetría y de sorpresa. Por qué todo poeta, si no sabe con justeza que cada palabra comporta determinadas rimas, será incapaz de expresar una
sola idea".

Observe el lector que dice monotonía y sorpresa, dos aspectos, en apariencia contradictorios, que se funden en la rima. Efectivamente, la repetición de los sonidos, sorprende, y esa sorpresa brinda placer.
Baudelaire afirma que tenemos una perpetua hambre de ritmo y rima. Y yo pregunto, ¿de dónde nos viene ese hambre?. Contestar a esta pregunta nos llevaría más allá del aspecto técnico de la métrica, y tendríamos que hablar del lado místico o espiritual de la métrica, el cual existe y es importantísimo, pero, al fin y al cabo, todo está unido. Diré, sencillamente, que en el alma humana está sembrada la semilla de la armonía universal. De los poetas depende hacer que crezca esa semilla.

Baudelaire afirma que si el poeta no sabe las rimas que tiene cada palabra, será incapaz de expresar una sola idea. Esto es verdad, hasta cierto punto, pero lo cierto es que cuando el poeta encuentra las rimas que expresan, exactamente, su sentimiento, su imagen, o su idea, surge la maravilla y la magia. Es perfectamente posible que el poeta encuentre las rimas exactas para expresar su ensueño, su sentimiento o sus conceptos. Todo, desde el ave de la oración hasta el barco del grito, pueden descansar en el cielo y el puerto de la rima.

Veamos lo que piensa Antonio Machado: " La rima es el encuentro, más o menos reiterado, de un sonido con el recuerdo de otro. Su monotonía es más aparente que real, porque son elementos distintos, acaso heterogéneos, sensación y recuerdo, los que en la rima se conjugan; con ellos estamos dentro y fuera de nosotros mismos. Es la rima un buen artificio, aunque no el único, para poner la palabra en el tiempo. Pero cuando la rima se complica con excesivos entrecruzamientos y se distancia hasta tal punto que ya no se conjugan sensación y recuerdo, porque el recuerdo se ha extinguido cuando la sensación se repite, la rima es entonces un artificio superfluo. Y los que suprimen la rima- esa tardía invención de la métrica-, juzgándola innecesaria, suelen olvidar que lo esencial en ella es su función temporal, y que su ausencia les obliga a buscar algo que la sustituya; que la poesía lleva muchos siglos cabalgando sobre asonancias y consonancias, no por capricho de la incultura medieval, sino porque el sentimiento de tiempo, que algunos llama impropiamente sensación del tiempo, no contiene otros elementos que los señalados en la rima:
sensación y recuerdo".

Grandes verdades. Al mismo tiempo, por mi parte, yo creo que las rimas, por el solo hecho de estar en el poema, brindan sensación de presente, y diré, quizás pomposamente, que es un presente eterno.
Presente y tiempo, sensación y recuerdo, todo fundido en algo aparentemente tan sencillo como la rima.

En las oraciones religiosas, existe lo que llamamos letanía y estribillo, que son variantes de la rima, en tanto que son repeticiones de las mismas palabras o frases. Y hay que admitir el poder evocatorio que esto supone.

Basta recordar el célebre poema de Baudelaire: "Las Letanías de Satán", para comprender los irresistibles hechizos de la letanía, que, como dije antes, es una variante de la Rima.

Decía Octavio Paz que:"La rima regula a la fantasía, es un dique contra la marea verbal, una canalización del ritmo".

Esta afirmación de Octavio Paz, echa por tierra la creencia que tienen muchos poetas, de que se puede descuidar la rima, pero cuidar el ritmo. Octavio Paz nos revela que la rima y el ritmo están
relacionados, y que son, por así decirlo, partes del mismo árbol, del árbol del poema.

La rima, al estar al final de los versos, cumple la función de dique para el oleaje de cada verso. Las rimas son como misteriosos puentes entre los versos, pues la rima no cumple sólo una función acústica de monotonía, sorpresa, sensación y recuerdo, sino que las imágenes, conceptos o emociones de las rimas, guían la temperatura poética que irán teniendo los versos, y por tanto, se puede decir que las rimas son los mágicos estandartes que portan todos y cada uno de los versos.
Las rimas dan unidad al poema, unidad acústica y conceptual. Si admitimos, según lo dicho, que las rimas condicionan el alma semántica de los versos, también debemos admitir que influirán sobre la naturaleza de los ritmos. Así pues, del mismo modo que los ritmos consisten en la repetición y variación de los golpes de sonido de los versos, las rimas consisten en la repetición final de los sonidos y sus variantes. Parece, por tanto, evidente, la estrecha relación que existe entre ritmo y rima. Si admitimos que en la Música nos embriaga y fascina la repetición de las armonías, de las frases musicales y de las melodías, parece fácil ver que en la Poesía con Métrica nos suceda algo muy parecido. No hay que olvidar que ya Mozart afirmó:"La Poesía debe ser la hija obediente de la Música".

Y es que la Métrica bien podría definirse como el arte de musicar el lenguaje.

En el árbol del poema, las rimas son las ramas. En el mar del poema, las crestas de las olas son las rimas, y las olas que suben y bajan son los ritmos.

Pasemos ahora al ritmo y al verso (hablaré de ambos de un modo alternativo, pues parece difícil hablar de ellos de un modo separado, ya que están estrictamente relacionados) y su importancia en la Poesía.

Veamos lo que piensa del Ritmo, el catedrático de Latín, Agustín García Calvo: "Se trataba entonces (no sé si usté recuerda) de que ciertas reglas y tradiciones artísticas cuidaban de que el habla, ya fuese para recitar o para cantar, se produjera, no a la buena de Dios, como en el uso laboral y cotidiano, sino rítmicamente ordenada, por trucos que regularan el retorno de las entonaciones de frase y coma, que acentos de palabra y clases de sílabas se sucedieran según módulos de ritmo, y hasta metro, más o menos rigurosos, y en fin, que aquello marchara no con el ritmo impreciso que se anda descuidadamente por la calle, sino sometiendo, por imitación, la producción del lenguaje a los ritmos netos y legales con que galopa el caballo o ruedan los soles o golpetean las olas contra el cantil o palpitan los corazones cuando no nos acordamos de ellos. Con eso se ponía en obra la doble operación de hacer el habla placentera, con el placer de lo exacto y
ordenado (placer análogo, sólo que más primitivo, al que nos dan los números). Y asimismo, los artífices de tal artesanía tenían que pasar por una fase de aprendizaje consciente y voluntario(ésa de contar los pies o sílabas con los dedos), hasta venir, a fuerza de ejercicio, a olvidar-de-conciencia el arte, para que operasen automáticas sus reglas, y ya desentendiéndose de los números del ritmo, al aire de su pálpito mecánico, jugaran a combinarse palabras, razones, evocaciones o lamentos, por si alguna vez hablaba a través del operario el lenguaje popular mismo, que es el solo que sabe hablar (...) ".

Creo que está bastante claro todo lo que dice García Calvo. Recordemos que, dado que el acento tónico supone el peso del sonido en una sílaba, por ejemplo: "cie/lo", podemos afirmar, de un modo general, que el Ritmo es la danza de los acentos tónicos dentro de los versos. Danza cuyos taconeos están ordenados y numerados. Siguiendo con esta comparación del baile y el ritmo, podemos afirmar que el primer verso endecasílabo del citado cuarteto de Quevedo: "Si hija de mi amor mi muerte fuese", este verso, digo, consta de cuatro taconeos, de cuatro golpes de sonido, de cuatro acentos tónicos en las sílabas 2ª, 6ª,8ª y 10ª.

El ritmo es el sistema nervioso del poema, es el misterioso arroyo milagroso del que brotan los ríos de los versos. El ritmo es el corazón, y el ritmo brinda su sangre a las venas de los versos. El
ritmo es la esencia, el oleaje con sus furores o sus remansos, es la gracia de los tambores, el repicar de campanas, el galopar del caballo, el gotear de la lluvia o los bramidos de los truenos. El
ritmo es el latir del corazón, con todos sus deseos y todos sus anhelos. El ritmo es el padre del lenguaje y supone la parte más importante del poema. Sin ritmo no hay poema, entiéndase sin un ritmo organizado y armónico.

Octavio Paz tiene mucho que enseñarnos sobre el Ritmo, escuchémosle:
"La creación poética consiste, en buena parte, en esta voluntaria utilización del ritmo como agente de seducción.(...) El poeta encanta al lenguaje por medio del ritmo.(...). Si se golpea un tambor a
intervalos iguales, el ritmo aparecerá como tiempo dividido en porciones homogéneas. La representación gráfica de semejante abstracción podría ser la línea de rayas:_ _ _ _ _ _ _ _ _ _. La intensidad rítmica dependerá de la celeridad con que los golpes caigan sobre el parche del tambor. A intervalos más reducidos corresponderá redoblada violencia. Las variaciones dependerán también de la combinación entre golpes e intervalos. Por ejemplo:-I—I-I—I-I—I-I—I-I.
Aun reducido a ese esquema, el ritmo es algo más que medida, algo más que tiempo dividido en porciones. La sucesión de golpes y pausas revela una cierta intencionalidad, algo así como una dirección. El ritmo provoca una expectación, suscita un anhelar.(...). Todo ritmo es sentido de algo. Así pues, el ritmo no es exclusivamente una medida vacía de contenido sino una dirección, un sentido(...)".

Qué apasionantes son las palabras de Octavo Paz, porque, efectivamente, los golpes rítmicos, por sí mismos, antes de toda palabra, suponen una intencionalidad, y yo afirmo más aún, suponen un
significado, una emoción. Y esto nos lleva de nuevo a la Música. Hay ritmos alegres y ritmos tristes. Ritmos festivos y ritmos fúnebres.
Esto que digo, lo digo refiriéndome al ritmo puro, al ritmo en sí mismo, antes de que se vista de palabras. Parece evidente, pero hay que decirlo, que la Música, a través del ritmo, entre otras muchas razones, transmite emociones, paisajes, colores. Esto sucede, exactamente igual, en la Poesía con Métrica.

En un verso como el alejandrino, que consta de 14 sílabas, el ritmo tiende a ser más pausado, más ceremonioso, de giros más elegantes y pulidos. Como en el famoso soneto de Rubén Darío:

YO PERSIGO UNA FORMA

"Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
Botón de pensamiento que busca ser la rosa;
Se anuncia con un beso que en mis labios se posa
Al abrazo imposible de la Venus de Milo".

El verso alejandrino, al ser un verso compuesto, y constar, por tanto, de dos hemistiquios, provoca que los golpes rítmicos estén relativamente alejados entre sí, y esto brinda la impresión de un oleaje calmo, majestuoso y embriagador.

Sin embargo, el verso octosílabo, tiene un aire de danza frenética, de galope que sube al cielo o que se sumerge en los mares profundos. Como en el famoso romance Sonámbulo de Federico García Lorca:

"Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura,
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Grandes estrellas de escarcha
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias".

En este humilde estudio, no pretendo mostrar todos los ritmos que existen ni todos los tipos de versos, pero sí pretendo mostrar su importancia y su utilidad.

Acerca de los versos y sus diversos cómputos silábicos, debo decir que no todos los versos armonizan entre sí. Por ejemplo, en un poema, jamás sonarán armónicamente un endecasílabo junto a un octosílabo, ni un alejandrino con un decasílabo.

Por ejemplo:

"La aurora se desnudaba
Sobre la clara espalda de los mares".

¿No sonaría mejor, por ejemplo?:

"La luz se desnudó
Sobre la clara espalda de los mares".

Otro ejemplo:

"La luna derramaba sus senos de zafiro
Sobre los negros labios del sueño".

¿No sonaría mejor?:

"La luna derramaba sus senos de zafiro
Sobre los negros labios del ensueño".

Estos ejemplos demuestran que hay versos cuyas combinaciones silábicas armonizan, y otras que no tanto. ¿Por qué?. A primera vista, podemos comprobar que armonizan entre sí los versos cuya suma total de sílabas da un número par. Es decir, octosílabos con decasílabos, con hexasílabos, con tetrasílabos, con dodecasílabos.

Y por otro lado, armonizan entre sí los versos cuya suma total de sílabas da un número impar, a saber: pentasílabos con heptasílabos, con endecasílabos y con alejandrinos.

Esto es así, en lo que se refiere al cómputo silábico y su suma total, pero no en lo que se refiere al ritmo, el cual, por su gran complejidad, hace que haya una inmensa armonía entre sílabas tónicas
pares e impares.

Como por ejemplo, en el endecasílabos melódico, cuyas sílabas tónicas recaen en las sílabas 3ª,6ª y 10ª.

Dice Octavio Paz: "Las palabras surgen naturalmente del ritmo, como la flor del tallo(...). La frase o "idea poética" no precede al ritmo, ni éste a aquélla. Ambos son la misma cosa(...)".

Esto tiene que ver con lo que afirmé más arriba, que el ritmo es la fuente de la que brota el agua del significado, y ambos son inseparables. Esto nos lleva a la eterna disputa entre la forma y el
fondo. No hay forma sin fondo, ni fondo sin forma. Muchas veces se ha dicho:"En Poesía, no importa la forma, lo importante es el contenido".
Grave, gravísimo error. Porque si admitimos que ritmo, imagen y contenido nacen juntos y a la vez, y si admitimos que forma y fondo nacen juntos y a la vez, parece evidente que descuidar el ritmo en un poema, supone descuidar al poema. Porque no es lo mismo decir, como Bécquer:

"Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán".

Que decir, o intentar decir lo mismo que expresan los versos de Bécquer, pero sin preocuparse del ritmo, por ejemplo:

"Algún día vendrán las negras golondrinas
y en tu balcón colgarán sus nidos,
y otra vez tocando con su ala en sus cristales
llamarán como si fuese un juego".

Es evidente que el segundo ejemplo pierde toda belleza, toda magia, todo esplendor, porque ha descuidado el ritmo. Y eso que se trata de expresar el mismo contenido de los versos inmortales de Bécquer. Pero el cómo y el qué, la forma y el fondo, el ritmo y la imagen, van juntos, y descuidarlos, es destrozar la Poesía.

Dice Octavio Paz:"Los antiguos retóricos decían que el ritmo es el padre del metro. El ritmo es inseparable de la frase. Es imagen y sentido. Ritmo, imagen y sentido se dan simultáneamente en una unidad indivisible y compacta: la frase poética, el verso. El metro nace del ritmo y vuelve a él".
Así pues, vemos que la Rima, el Ritmo y el Verso, están mágicamente entrelazados en el árbol del poema, y que descuidar a cualquiera de los Tres, es destruir las bellísimas ramas de ese misterioso árbol de la Poesía.

© DAVID COLL.

*Fuente:
http://www.poesiapura.com/atanor/news.php?action=fullnews&showcomments=1&id=200

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